Este miércoles al atardecer, cuando el último sol de septiembre desaparezca, comienza el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires. En el Auditorio del Malba, una performance coral a cargo de María Eugenia Pérez Tomas abrirá el telón de la edición número dieciocho del encuentro que se desarrolla hasta el domingo 4 de octubre. "Estos días nos la pasamos corriendo", dice Amalia Sanz, directora de la Fundación Filba, la institución detrás del festival, y la encargada de diagramar sus contenidos, junto a Victoria Rodríguez Lacrouts, María Luján Picabea y Pablo Braun, el presidente.
Puntillosos, disciplinados, la mitad de la semana hacen home office, la otra trabajan en Eterna Cadencia, la librería de Palermo, propiedad de Braun. Arriba, en las oficinas de la terraza, sacan cuentas, tachan nombres, redondean títulos. Ya está todo hecho. Durante esta conversación, Amalia está en su casa —estaba: fue el lunes—, en el barrio de Villa Ortúzar, a punto de salir a una reunión en el centro con instituciones francesas. Eso dice su agenda. Mira por la ventana, dubitativa, impaciente: tendrá que llevar paraguas.
"Termina el festival, te tomás una semana para cerrar lo que pasó, devoluciones, pagos, administración, un montón de cosas, y a los pocos días ya empezás a trabajar para el siguiente", cuenta. Lo primero, dice, son los invitados internacionales. Muchos no pueden para el que viene, pero sí para el otro, entonces los "apalabran". "Es un trabajo de todo el año, porque nosotras no hacemos solo el Filba Internacional, hacemos otras cuestiones durante todo el año. La fundación tiene muchos otros proyectos".
"En el verano ya estamos hablando con las sedes, embajadas, posibles subsidios internacionales, porque muchos cierran en noviembre o diciembre, entonces en octubre también ya estás pidiendo subsidios de movilidad o de lo que fuera para el año siguiente. El embudo se forma en los últimos tres meses. Siempre termina por amontonarse todo en los últimos tres meses", cuenta. Mayo es el mes donde la maquinaria está plenamente aceitada. Ahí arranca la intensidad. "Es realmente todo el año", asegura.
Este año, la figura central es Emmanuel Carrère. El escritor francés de 68 años, autor de libros muy celebrados como El adversario, Limonov y Yoga, brindará una clase magistral en la Facultad de Derecho de la UBA este viernes, y el sábado participará de un panel de debate sobre "La verdad en la literatura" en el Malba. "Hay un momento del año que es un rompecabezas muy complejo de armar, porque no sabés cuántos autores internacionales vas a tener, no sabés si seguir invitando, si frenar", cuenta Sanz.
"Hay momentos que si todos nos dicen que sí, tenemos más autores de los que podemos alojar. Y si todos se nos caen, se nos cae el festival. Es un paso a paso, pero también hay una cuota de azar que a veces nos ayuda. Este año tenemos menos autores internacionales que otros años. Pero hay dos figuras de mucho peso", explica. La segunda figura es la irlandesa Claire Keegan, autora de Cosas pequeñas como esas y Antártida. El viernes tiene actividad en Malba y el sábado en la Facultad de Derecho.
"Ha habido años que realmente no tenés una gran figura y lo cierto es que el festival sobrevivió con la misma intensidad de público, con la misma respuesta, con el mismo ruido en la prensa", dice la directora, porque "hay algo de Filba que, por suerte, se sostiene más allá de tener figuras o no", aunque "está buenísimo tener grandes rockstars, una figura como Carrère, porque te tracciona a otro tipo de público: hay gente que no sabía ni qué era Filba y se enteró este año porque es lectora de él".
Durante cinco días y bajo el lema "Hábitat", se reunirán casi cien autores, entre los que podemos nombrar a Emmanuel Carrère, Claire Keegan, Uxue Alberdi, Lalo Barrubia, Isa Calderón, Mayte Gómez Molina, Lucía Lijtmaer, Sebastiano Mauri, Mafe Moscoso, Joca Reiners Terron, Verónica Stigger, Marie Vingtras, Camila Sosa Villada, Claudia Piñeiro, Guillermo Martínez, Leila Guerriero, Cecilia Pavón, Tamara Tenenbaum, Martín Rejtman, Vivi Tellas y Lucrecia Martel.
Corrió mucha agua bajo el puente entre aquel primer Filba, nacido dentro del área de Literatura del Malba, y esta edición número dieciocho, con una programación distribuida en ocho sedes. El punto de quiebre Sanz lo pone en la parálisis del Covid: "Hubo un cambio entre pre y pospandemia. Debe haber muchas causas, pero la presencialidad nos subió muchísimo después de la pandemia, quizás por la consolidación cada vez más fuerte del festival, pero también por una búsqueda de encuentro, de volver a verse".
"Los festivales pospandemia —continúa— fueron los más sorprendentes en cuanto a la respuesta del público. Lo mismo en los últimos años, en un contexto complejo de precarización de la cultura, donde todo se volvió más hostil, más difícil, también surgió una necesidad quizás un poco más fuerte de resistir a eso y de encontrarse más. Sobre todo teniendo en cuenta que es un evento gratuito, y en general las ofertas gratuitas se van reduciendo, y además el bolsillo está cada vez más flaco".
Si hablamos de grandes encuentros literarios argentinos, nombramos a la Feria del Libro de Buenos Aires y a la Feria de Editores. Eventos que marcan agenda. Pero el Filba es otra cosa. Es festival, no feria, es decir: lo central es la programación de actividades, no la venta de libros. "Si bien hay una pequeña mesita con libros de todos los autores, no es el eje. Acá no hay un fin comercial en sí mismo. Entonces sabés que podés ir sin un peso y que la vas a pasar bien igual porque va a haber un montón de propuestas", explica.
Lo que subraya Amalia Sanz es la posibilidad de "conversar". "Hay conversaciones. Se despierta el encuentro. Los lectores se terminan encontrando entre sí, se arman diálogos. Hay algo que sucede: la calidez. Es un festival que sigue siendo cálido, pequeño. Es enorme para nosotras, sí, pero si lo comparás con la Feria del Libro se generan esas situaciones de encuentro", dice y, ante la pregunta de cómo miden el éxito de una edición, vuelve sobre sus pasos: qué dicen los que asistieron.
"En un momento donde está tan presente lo cuantitativo, el número, el dato... Tenemos unas métricas muy difíciles de mover. ¿Cómo se mide el éxito de, no solo el festival, sino de otras cuestiones también que hacemos: el fomento al lector?, ¿cómo se mide el éxito de una lectura de poesía?, ¿cuánta gente que fue se emocionó? No todo se puede cuantificar en una torta de datos que después te sirva para presentar a un subsidio. Todo el mundo pide medición de datos. En la literatura es complejo", explica.
"Tenemos el dato muy preciso de la asistencia del público, y siempre está creciendo. Es un buen índice de saber si el festival salió bien. También hacemos una encuesta posfestival a todos los participantes: todo el mundo la pasa muy bien", dice y recuerda que Laurie Anderson tardó en responderles la invitación. Finalmente les dijo que sí. "Nos sorprendió su entusiasmo", recuerda. Fue la poeta Anne Carson, su amiga, quien una tarde en Nueva York le dijo: "Andá. Si te están invitando, andá. Yo la pasé genial".
"Es una anécdota nomás. Pero es una medición de éxito, ¿no?", dice Sanz y se ríe. "También nos interesa cuando un autor que no circulaba empieza a circular después de Filba. Alguien que tenía un solo libro traducido y le traducen otro, o que estaba descatalogado y de repente la editorial decidió reimprimir o la distribuidora traer su libro de España. Como que siempre decimos: que los libros circulen más. Eso sí lo podemos medir, eso sí vemos que pasa festival tras festival", asegura, orgullosa.
Hacer un festival es también navegar mares difíciles. Lo saben las autoridades del Cultur-ALH de Granada, quienes cancelaron la participación de Ariana Harwicz argumentando que no podían garantizar su seguridad debido a fuertes presiones de agrupaciones estudiantiles pro-Palestina. La escritora argentina niega que exista un genocidio en la Franja de Gaza y eso desató un gran debate cruzado entre autores que hablan de censura y otros que exigen al "negacionismo fuera de los espacios literarios".
"Filba es un micrófono abierto", responde Sanz, de inmediato. "Jamás tuvimos ni lista negra, ni pensar qué autor puede decir qué cosa, ni qué autor puede decir otra. Invitamos autores a los que conocemos su literatura principalmente, pero en general también sus opiniones. Más en época de redes sociales, donde hay plataformas multiplicadas y los artistas se expresan. Siempre uno sabe a quién está invitando. Nunca dejamos de invitar a nadie por ninguna razón de este tipo", explica.
"Alguna vez, y prefiero no entrar en detalles, se han bajado algunos subsidios estatales de otros países porque no podían apoyar a tal autor. Y Filba decidió continuar con la invitación de ese autor, aunque se bajara el apoyo estatal. Pero nunca desinvitamos a un escritor", dice Amalia Sanz y continúa: "Nos damos cuenta que hay ciertos apoyos que uno no consigue por invitar a tales autores. Pero vuelvo a lo mismo: nunca dejamos de invitar a alguien porque no pensara de determinada manera".
"Bienvenido que los escritores tengan algún tipo de voz en los debates y en las conversaciones contemporáneas. Siempre está bueno escucharlos, sobre todo en un momento de tanta frivolidad y violencia mediática, y en redes donde gente que uno cree humildemente que no está muy calificada para hablar de casi nada, son los que toman el debate en general. Siempre voy a preferir escuchar a debatir a Lina Meruane y a Ariana Harwicz, si es que existiera esa posibilidad de debate: es más interesante", sostiene.
El problema, dice es que "la literatura pareciera que solo puede estar en primera plana cuando hay algún escándalo, cuando hay sangre, cuando hay pelea". Filba siempre trató de correrse de ese lugar, el de "buscar el clic": "A veces te cruzás con una lectura que te parece interesante, novedosa, con la posibilidad de que ese autor pueda venir, y con el subsidio que pueda estar: es un rompecabezas de muchas piezas. Pero siempre es la literatura que estamos leyendo, que nos sorprende, que puede aportar algo nuevo".
Hoy, entrando en el segundo cuarto del siglo XXI, con las pantallas estorbando la lectura y con la inteligencia artificial acechando la escritura, se vuelve a abrir el telón de un festival de literatura. "Uno necesita la distancia histórica para entender los cambios, pero los números dicen que la gente sigue leyendo libros. Está la adicción al celular, la distracción absoluta, una cuestión económica innegable, y sin embargo hay algo que resiste. El interés por los relatos, porque te cuenten un buen cuento, sigue vigente".
* Toda la información del festival, invitados, sedes y actividades, en filba.org.ar